En el marco de la “escuela de bienestar” creada por “YOInvierto”, iniciamos un conjunto de lecciones breves sobre una de las dimensiones del bienestar individual y social: la dimensión material u objetiva. Entendiendo por tal, el estado situacional en el que se encuentra una persona o un colectivo de personas, conocido dicho estado situacional, no empíricamente, sino mediante investigación científica, con lo cual es posible la construcción de indicadores e índices sintéticos, que registran en el tiempo, el comportamiento de una serie de variables consideradas fundamentales para definir el bienestar.

Existen múltiples definiciones de bienestar que iremos dando a conocer en el desarrollo de las siguientes lecciones. Por ahora, nos interesa señalar, que, bienestar, sencillamente es estar bien, sentirse bien. Y, el sentirse bien, requiere de la otra dimensión del bienestar: la dimensión subjetiva o inmaterial, es decir, aquella que es valorativa, de difícil medición objetiva, pues ella responde a estados de ánimo, temporales, momentáneos o permanentes, por cuanto refiere a actitudes, sentimientos, percepciones individuales, que suelen identificarse con “felicidad”.

Las dimensiones objetivas y subjetivas del bienestar se unen o fusionan para crear una síntesis cuali-cuantitativa del bienestar, bajo concepción holística e integradora, lo que nos acerca a la noción del bienestar como meta-objetivo del ser humano y de los procesos de crecimiento económico y social de los pueblos, progreso material y desarrollo integral. De ahí, que el bienestar se convierta en el macro indicador que revela el desarrollo social y económico de los pueblos del mundo.

El ser humano es cuerpo y mente, materia y espíritu, soma y psique, cuerpo y alma. Estar bien, significa, entonces, que las necesidades humanas están satisfechas y que la satisfacción de las necesidades produce un estado anímico que nos hace sentir bien tanto en cuerpo como en espíritu. La no satisfacción de las necesidades hace sentirnos mal, en cuyo caso, nos encontramos en lo opuesto del bienestar, es decir, el malestar.

Hechos causantes de estados de necesidad

¿Qué hace que los seres humanos o que algunos de ellos no logren satisfacer sus necesidades biológicas, sociales, espirituales y de realización personal? Asunto nada fácil por lo multifactorial y controversial, pues su análisis nos lleva al principio de la humanidad.

Existen, desde el origen de la humanidad, factores naturales, sociales, políticos, económicos y culturales, creadores de estados de necesidad. La lucha de los pueblos y personas para alcanzar el bienestar ha sido y es la lucha por prevenir los riesgos a los que está expuesto el ser humano o minimizar los efectos en caso de que ocurran o se materialicen, convirtiéndose en siniestros o estados de necesidad.

Los riesgos, como se definen teóricamente, son acontecimientos ciertos o inciertos que pueden ocurrir. Hay riesgos positivos, como el nacimiento de un hijo; y riesgos negativos, como la enfermedad o la muerte de un padre o madre de familia.  Ambos, son causantes de estados de necesidad.

La necesidad está asociada a la desigualdad y las dos a la libertad del ser humano

Para filósofos como Kenguro Yanagida, la primera libertad es la libertad de vivir, pero, no vivir de cualquier manera para sobrevivir, sino, dignamente, como seres humanos; y ello significa, satisfacción de necesidades. Para lograr que todos los seres humanos vivan dignamente, se requiere minimizar hasta eliminar la desigualdad, no sólo la natural, como en el caso de la desigualdad de género, sino, las más perniciosas, las desigualdades sociales, económicas, culturales, políticas, raciales, culturales.

En los seres humanos, la existencia de desigualdad impide la satisfacción de las necesidades y la insatisfacción de la necesidad impide la libertad. La desigualdad se ha clasificado en varias categorías: vital, existencial y de recursos.  La descripción de cada una de ellas se muestra en el cuadro que se presenta a continuación:

CATEGORÍAS DE DESIGUALDAD SEGÚN GÖRAN THERBORN

Desigualdad vital. Se refiere a la desigualdad socialmente construida entre las oportunidades de vida a disposición de los organismos humanos. Se estudia mediante la evaluación de las tasas de mortalidad, la esperanza de vida, la esperanza de salud (…) y varios otros indicadores.

Desigualdad existencial. Es la asignación desigual de los atributos que constituyen la persona, es decir, la autonomía, la dignidad, los grados de libertad, los derechos al respeto y al desarrollo de uno mismo.

Desigualdad de recursos. Es aquella que adjudica a los actores humanos recursos desiguales para actuar.

Fuente: Göran Therborn, 2015. Los campos de exterminio de la desigualdad. Fondo de Cultura Económica. Argentina. Disponible en Internet (1).

En la naturaleza, en el reino animal, el ser humano está considerado como un ser expuesto a múltiples riesgos y, desde su nacimiento, incluso antes, inseguro, con miedos y angustias. El ser humano necesita al nacer del cuidado de los adultos, por lo general, la madre, sin esos cuidados, el recién nacido no sobrevive. La inseguridad de la vida la produce, justamente, los hechos que causan los estados de inseguridad, es decir, lo que impide que la vida sea, en primer lugar, viable y en segundo lugar, perdurable.

Formas de protección social

La inseguridad de la vida ha determinado por diferentes razones: religiosas, sociales, culturales y políticas, que aflore en el ser humano sentimientos hacia el otro de protección y amparo. Esos sentimientos, cambiantes a lo largo de la historia de la humanidad, los encontramos, en la actualidad, en la noción de seguridad social.

Ayer, fue el hombre de la tribu y del clan en la comunidad primitiva; el páter familia, en la Roma imperial; la iglesia católica, los benefactores y los señores de la tierra, en la Edad Media; la asistencia social pública y privada y los gremios de artesanos, en el naciente capitalismo, los encargados de socorrer a los pobres, es decir, los desiguales sociales, económicos y políticos. En la actualidad, ese rol corresponde al Estado, mediante la definición y desarrollo de políticas públicas; fundamentalmente, políticas sociales que, expresadas en normas jurídicas, instituciones, programas y acciones sociales, que son formas modernas de protección social, una de ellas, la seguridad social, procuran disminuir o atenuar la desigualdad entre los seres humanos.

La historia de la humanidad es también, la historia de las formas de protección social

Proteger a una persona es atender a sus necesidades, asistirla, estar presente. Esto es lo que significa la asistencia social como forma de protección social. Pero, las formas de protección social han evolucionado. Han pasado de ser un sentimiento caritativo hacia el prójimo, es decir, hacia el otro, el necesitado, benéfico o asistencial, para convertirse en un derecho humano y social fundamental, reconocido de manera universal, como bien lo establece el artículo 22 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos[1],[2] y el artículo XVI de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre[3].

El sentimiento que ahora anima a la forma de protección social denominada: Seguridad Social, es la solidaridad, la “justicia solidaria” que une a los seres humanos y busca ampararlos ante las contingencias (riesgos) de la vida cotidiana y laboral, mediante el otorgamiento de prestaciones (dinero, especies, servicios), que impiden o minimizan el  estado de necesidad o siniestro, el cual puede ser feliz o infeliz o,  lo hacen menos gravoso, evitando así la profundización del estado de necesidad.

Seguridad Social: Una forma de protección social

La seguridad social no ampara todos los estados de necesidad, ampara solo algunos de ellos, en especial, los que impiden la obtención de medios personales de vida, tales como, la enfermedad o accidente de cualquier naturaleza, la muerte del trabajador jefe del hogar, la discapacidad total y parcial para el trabajo, la vejez, la pérdida del empleo, el nacimiento de hijos y los gastos funerarios, un conjunto de contingencias (riesgos), que, de no existir la previsión (mirar anticipadamente lo que puede suceder), probabilidad de que un riesgo ocurra; y provisión (proveer o provisión de recursos), al hacerse presentes, agravan el estado de necesidad personal y social.

Hemos indicado que, la seguridad social es una forma de protección y previsión social, la más evolucionada de todas, erigida hoy, en un derecho humano y social fundamental, la cual conduce a mitigar o eliminar la desigualdad entre los seres humanos a hacer de la riqueza social producida, el disfrute de todas las personas mediante esquemas distributivos animados por una justicia social solidaria. La práctica de esta solidaridad conlleva a la obtención, por parte de las personas, de mejoría en su calidad de vida y, por consiguiente, al logro de estadios importantes de bienestar. La seguridad social, es, en consecuencia, una buena forma de invertir en ti. Invertir en seguridad social es una decisión, una buena forma de asegurar bienestar, presente y futuro, aminorar la incertidumbre y minimizar los riesgos a los que los seres humanos estamos expuestos en la vida.

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