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Capitalismo popular o la democratización del capital
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Capitalismo popular o la democratización del capital

El “Capitalismo Popular” fue una dramática y radical iniciativa, llevada a cabo por la ex primera ministra británica, Margaret-Thatcher, conocida por la historia como la “Dama de Hierro”, quién por cierto hace pocos años fue inmortalizada en el cine por la aclamada Meryl Streep en una magistral interpretación que le valió su tercer Oscar de la Academia; sin embargo, dicho personaje se centró en un aspecto de su vida, quizás el más triste.

Quienes hemos tenido la oportunidad de leer su biografía y ver la película, pudimos ver cómo la ex primera ministra británica, desafió todo y a todos por su ideal de proporcionar eficiencia al Estado como resultado de lo que ella llamó “People’s Capitalism” (capitalismo popular).

Este capitalismo popular pretendió hacer una verdadera revolución con dos docenas de las principales empresas de los sectores industriales y de servicios de la Gran Bretaña, todas ineficientes, con más de un millón de trabajadores en sus nóminas, con un pobre servicio y en un franco deterioro financiero; su aspiración era generar una sociedad de propietarios, mediante la democratización del capital, es decir, permitir el acceso de los trabajadores al capital accionario de las empresas, hacerlos clientes-accionistas o trabajadores-accionistas.

El cambio de modelo propuesto por ella no avanzó por un camino de rosas, por el contrario, debió enfrentar presiones, huelgas y protestas. Incluso debió enfrentar a sus propios ministros, a quiénes en más de una ocasión llegó a reclamarles su falta de voluntad política para ejercer su mandato de devolverle a la economía británica su salud otrora perdida. Por otro lado, es destacable el hecho de que, en buena parte de Europa occidental al ser un régimen parlamentario, todos los ministros, incluyendo al Primer Ministro, son electos por el pueblo, es decir, son miembros del parlamento.

¿En qué consistió este Capitalismo Popular?

Entendió que había que vender al sector privado la gestión de las grandes empresas del país, evitando con ello tener que aportar capital para mantenerlas y, por el contrario, cobrar impuestos sobre la renta por las ganancias. Ella consideraba que parte de las acciones se vendieran a sus trabajadores y a los británicos de a pie, consciente del potencial que esas empresas tenían para convertirse en líderes de cada industria, pues todas eran monopolios y al abrir la competencia habría mejor calidad y precios.

¿Cómo democratizó el capital?

Las acciones de esas empresas se vendieron por diferentes tramos. El de los trabajadores y ciudadanos de a pie fueron a precio de descuento sobre el fijado al resto de los compradores institucionales y controladores, el pago financiado a 12 meses por dos semanas de oferta al precio debidamente publicado en los principales diarios y con una fuerte campaña de concientización para el análisis y decisión de cada uno e inclusive incentivos por el 10% de las acciones adquiridas si las mantenían por un mínimo de tres años.

¿Qué pretendía con su capitalismo popular?

Generar en principio un incentivo político para el gran cambio que suponía para muchos la posibilidad de pérdida de su empleo. Promover una cultura de inversión entre la población que les permitiera ir creando riqueza y convertirlos, en el largo plazo, en clase media a través de la inversión como medio de ahorro.

¿Cómo ejecutó la democratización del capital?

En noviembre de 1984 inició con Bristish Telephone, como ella mismo dijo “en cada casa hay un teléfono”. El primer día de cotización en las bolsas de Londres y de NYC su precio subió el 100%.

British Gas fue la siguiente y la mayor emisión hasta entonces al mercado de capitales del mundo. Cuando le tocó a British Petroleum se vendió el 35% a pequeños inversionistas, coincidiendo con la crisis de octubre 87, por ello se consideró que estos pudieran retirar sus órdenes o no pagarlas. El resultado fue que mientras que en el proceso de Bristish Telecom había más de 2 millones de pequeños inversionistas británicos, para el proceso de Bristish Petroleum, las órdenes superaron más de 6 millones de británicos.

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Esto explica cómo treinta años más tarde, ante el lamentable derrame del Golfo de México, el primer ministro Cameron tuvo que pedir apoyo al presidente Obama para interceder ante las sanciones que USA le pondría a BP, pues todos sus jubilados británicos eran accionistas de Bristish Petroleum.

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Santi Fernández

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