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El bienestar: un enfoque biopsicosocial
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El bienestar: un enfoque biopsicosocial

En el mundo de las relaciones humanas y en algunas regiones o países se acostumbra a saludar a las personas con la pregunta: ¿cómo estás? La respuesta no se hace esperar, es inmediata: “bien”, “mejor imposible”, “más o menos”, “regular”, “mal”. Todo depende del grado de optimismo, estado de ánimo, momento y voluntariedad del interpelado.  La respuesta puede ser sincera o no. No lo sabemos.  En el instante se carece de referencia alguna. Simple apreciación subjetiva. En ocasiones, la repuesta resulta chocante, hiriente, agresiva, un salir del paso, pues a quién le puede importar, sinceramente, ¿cómo estoy? En otras oportunidades, es una manifestación sincera, de gozo, efusiva, algunas veces acompañada del abrazo fraterno. Así, es la vida cotidiana y la apreciación que tenemos los seres humanos sobre el estar bien.

Bienestar biológico

Los seres humanos, al igual que los demás seres vivientes del reino animal, venimos al mundo dotados de un equipamiento bio-constitucional. En este equipamiento traemos al mundo toda la carga genética, hereditaria y los órganos que al desarrollarse configuran el cuerpo físico de la persona. Este equipamiento inicial puede tener anomalías que marcan diferencias entre los seres humanos, las cuales pueden incrementarse o disminuirse en la vida social, capaces de generar, inclusive, discapacidades totales o parciales, que conllevan, según la cultura de los pueblos, a discriminaciones positivas o negativas, que potencian las desigualdades. Durante la existencia vital podemos ser víctimas de enfermedades y accidentes (riesgos) que alteran el estado de salud, los cuales pueden ser prevenidos, evitados o disminuidos; pero cuando suceden o se materializan en enfermedad o accidente, propician estados de necesidad que deben ser atendidos.  Los órganos del cuerpo humano enferman, se deterioran, envejecen y dejan de funcionar o funcionan imperfectamente; cuando tal situación sucede, decimos que estamos enfermos, mal de salud; por consiguiente, no estamos bien, no hay bienestar biológico.

La prevención como objetivo

La salud es un bien preciado individual y colectivamente. Cuando, por ejemplo, adoptamos medidas preventivas para evitar enfermedades o accidentes, estamos invirtiendo en salud y en bienestar. Igual, cuando invertimos en la recuperación del estado de salud. Es por ello, que el primer gran objetivo de la seguridad social es el de prevenir la enfermedad o accidente y recuperar la salud cuando esta se altera por cualquier causa, debido a que el riesgo de enfermar produce angustia, temores y preocupaciones existenciales (inseguridad) por los efectos e impactos en otras esferas de la vida humana.

Bienestar psicológico

La psiquis de las personas suele identificarse orgánicamente, con el sistema nervioso central y periférico y, desde una perspectiva, distinta, más conductual, ética y espiritualmente, con la estructura del aparato psíquico: yo, súper yo y ello. Bienestar psicológico tiene que ver, entonces, con la personalidad humana, con el ser persona y con la conducta humana. La persona humana es sujeto de estudio de muchas disciplinas científicas y no científicas: la Psicología, el Derecho, la Antropología, la Filosofía, la Teología, entre otras ramas del saber humano. En la actualidad, la importancia que se concede al tema de los derechos humanos obliga a la reflexión sobre el ser persona y la dignidad de la persona humana.

El estar bien desde la perspectiva psicológica entraña cierta complejidad, por cuanto sus manifestaciones pueden no ser tan visibles y objetivamente apreciables como ocurre con el estar bien biológico. Aquí, podemos estar, también, frente a alteraciones de la psiquis, tal es el caso de las enfermedades mentales; pero, elemento importante es la parte espiritual, es decir, el espíritu que anima a sentirnos bien o mal. Este espíritu no es visible, observable, suele identificarse con el alma, cosa que tampoco sabemos qué es, dónde se encuentra, pero, existe y guía nuestro actuar. Esto es lo que queremos decir cuando nos referimos a las personas como cuerpo (soma) y mente (alma, psiquis). El componente espiritual es fundamental en la apreciación-valoración individual, no así la colectiva del bienestar.

El bienestar psicológico: una valoración subjetiva

Es dable encontrar en cualquier lugar del mundo personas privadas de muchas cosas materiales con necesidades insatisfechas que dicen estar bien, sentirse bien, inclusive, ser felices. La serenidad y tranquilidad espiritual es una variable del bienestar biológico y social; pero, lo es en grado sumo de la percepción espiritual de la vida, lo cual no debe confundirse con resignación o sentimiento humano de otro tipo. Ejemplo de ello lo tenemos en la oración, en la fe, en la creencia de Dios, en una vida eterna que va más allá de la terrenal. Una vida espiritual profunda da paz, tranquilidad, serenidad, lo cual permite percibir y valorar el mundo material de manera distinta. Un mendrugo comido en paz reconforta más que un banquete lleno de exquisiteces comido en guerra con intranquilidad. La riqueza material no es sinónimo de bienestar al igual que la pobreza material no es sinónimo de malestar. Hay expresiones populares muy gráficas que retratan sentimientos humanos, por ejemplo, “pobre de espíritu”, para referirse a una persona que, independientemente de sus condiciones materiales de vida, no tiene alma, no tiene espíritu. Un “bueno para nada”, personas que carecen de total iniciativa, son inútiles en la mejor extensión de la palabra.

Bienestar social

La expresión más frecuente y común cuando nos referimos al bienestar es la de bienestar social. Por tal suele entenderse el bienestar de una sociedad, de un grupo o colectivo social, más que el bienestar individual.

Bienestar social es el disfrute por parte de una sociedad o grupo determinado de personas de un cuadro de condiciones materiales que dan seguridad al humano mediante la satisfacción de sus necesidades, en primer lugar, las vitales, biológicas o de subsistencia; luego, las necesidades sociales y del espíritu.

En el campo de los derechos humanos se cataloga como derechos sociales, económicos y culturales, aquellas prestaciones que se traducen en programas de desarrollo progresivo, tal es el caso de la garantía de la salud, alimentación, vivienda, recreación, trabajo y otros, que, según la legislación de cada país, pueden ser derechos auténticos, exigibles por las personas, pues constituyen obligaciones de hacer por parte del Estado, es decir, auténticos derechos; y, en otros casos, programas sociales de desarrollo progresivo. Estos derechos tienden a crear condiciones de igualdad entre las personas y se convierten, como en el caso de la seguridad social, en mecanismos de distribución de la riqueza social producida.

Ver también

Derechos sociales y políticas públicas

Los derechos sociales constituyen la espina dorsal de las políticas públicas, especialmente políticas sociales, en los estados modernos.  Su desarrollo en forma de programas sociales marcó la diferencia entre el Estado de Derecho (principio de legalidad) y el Estado de Derecho, Social, Democrático y de Justicia (constitucionalismo social).  Es lo que se conoce como “Estado de bienestar”, tipo de Estado que surge al finalizar la Primera Guerra Mundial y, adquiere énfasis a partir de la II Guerra Mundial, como “Estado benefactor” o “Estado prestacional”, en cuyo seno se desarrolla con amplitud la seguridad social, entendida como garantía de la sociedad y el Estado ante riesgos sociales previsibles, tal es el caso de la enfermedad, accidente, maternidad, muerte, discapacidad, pérdida del empleo y cargas familiares, causantes de miedos, temores y preocupaciones en los seres humanos pero, al estar asegurados dichos riesgos, opera una sensación de tranquilidad, de bienestar.

Al respecto, es importante destacar las particularidades de los derechos sociales señaladas por el equipo de investigación del Centro de Investigaciones Laborales, Departamento de Derecho Laboral, Universidad Externado de Colombia (2012), a saber:

  1. Como derechos prestacionales: son derechos del individuo frente al Estado.
  2. Como derechos de igualdad: la desigualdad trata de ser superada por el ordenamiento jurídico.
  3. Como derechos de desarrollo progresivo: ellos no se realizan de manera inmediata sino gradualmente, progresivamente.
  4. Como derechos de carácter programático: suponen la formulación de programas sociales.

El bienestar: Un enfoque integral

El estar bien de una persona en particular puede ser un estado de ánimo, inclusive pasajero; pero, si se ahonda sobre el particular puede tener una base objetiva, es decir, pueden existir condiciones materiales e inmateriales que dan base de sustentación al estar bien, más allá de la subjetividad del individuo; en consecuencia, el estar bien de un individuo es multifactorial y multicausal, aun cuando haya factores y causas determinantes, pero la apreciación-valoración del estar bien, responde a su integralidad.

Hemos desagregado la noción de bienestar con fines prácticos para dar cuenta de su multifactorialidad; pero, el logro del bienestar individual y social supone acciones humanas, conductuales y políticas, es decir, inversiones motivadas por diversos sentimientos, en el plano individual, el logro de propósitos personales y, en campo colectivo, la solidaridad entre los seres humanos.

Referencia:

Universidad Externado de Colombia (2012). Progresividad en asuntos de Seguridad Social y Laborales. Aproximación a la doctrina y la jurisprudencia constitucional. Bogotá. Colombia.

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