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El rol del padre responsable
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El rol del padre responsable

Como padres los retos nunca acaban. Todos los días, desde el inicio del camino en la preparación de la gestación (cuando es que se preparan), surgen situaciones que resultan retadoras, desde la elección del nombre del bebé, hasta la escuela donde va a estudiar, todo es IMPORTANTE cuando de nuestros hijos se trata. 

Y así vamos remando un bote que a veces se siente como un trasatlántico, inventando malabares, pidiendo ayuda, leyendo un libro sobre el tema, recordando lo que vivimos para luego, desde otro rol volverlo a vivir.  

Las dudas muchas veces se vuelven como una  sombra, están ahí, a veces mas cerca de lo que quisiéramos, y se presenta en forma de preguntas tan difícil de responder que se vuelven casi una tortura, ¿lo estaré haciendo bien?, ¿Será esto lo correcto?, o una injusta comparación,  mi amiga “ María”  lo hace de esta manera, el hijo de “ Ana” siempre se porta bien, los hijos de “Pedro” tiene mejores calificaciones, esto resulta extenuante y llega a ser hasta cruel si lo llevamos al extremo del reproche y el autocastigo, pero hay una fuerza que está impresa en lo más profundo de nuestra biología: nuestro instinto. Los seres vivos tenemos un instinto innato, todos en el reino animal y en el caso de los mamíferos, como nosotros, la paternidad o maternidad está muy bien definida; la yegua sabe perfectamente cuándo separarse de su potrillo, la leona conoce cuándo enseñarle a cazar a su cachorro, los lobos le muestran los peligros del bosque y cómo evitarlos o defenderse, y así miles de ejemplos. 

Lo que quiero rescatar de estas analogías es que, como padres, nosotros también tenemos esa voz interior que nos guía para saber cuándo decir “NO” de una manera enfática y cuándo impulsarle para que logre abrir las alas. 

Ahora, como nuestros pequeños permanecen mucho más tiempo en casa y en nuestra sociedad, hay más reglas, es de vital importancia enseñarles a vivir de acuerdo con los códigos de nuestra “jungla”. 

Las normas sociales, los valores, la cordialidad, el civismo y las leyes, entre otros, son indispensables para vivir en armonía con el ambiente; a como también, la ética, la espiritualidaden cualquiera de sus formas, la autoestima y el autoconocimiento son fundamentales para la vida interior y la evolución del ser. 

Las preguntas que debemos hacernos 

En nuestra labor de padres íntegros y comprometidos con este cometido tan hermoso y arduo, nuestra primera tarea es conocer ¿quién es esta personita que tengo en mis manos?, ¿cuál es mi responsabilidad con su vida y su misión como ser en evolución?  

De aquí derivan varias preguntas que como padres les invito a hacerse. 

¿Quién es mi hijo? 

¿Qué es lo que le hace más feliz? 

¿Qué es eso que, aunque no le hace muy feliz, es necesario para su vida? 

¿Qué es lo que no le gusta?  

¿Cuál es su mayor talento o fortaleza? 

¿Cuál es mi más grande defecto o dificultad? 

¿Cómo me ve? 

¿Eso que no me gusta de mi hijo es algo que me molesta de mí? 

En mi compromiso como padre considero que estoy dando mi 100%. ¿Mi hijo opina lo mismo?   

Si no puedes contestar todas estas preguntas de una sola vez no importa, no es una carrera, pero sí es importante que las tengas presentes para que vayas respondiéndolas a medida que se presenten las oportunidades. 

En este contexto conocer a tu o tus hijos y obviamente, conocerte a ti, será la base para construir una relación más genuina y profunda. 

Escúchalo, obsérvalo, mira lo que te está solicitando. Aunque no hable, tú sabrás si tu bebé quiere ser abrazado y protegido o si, por el contrario, lo que desea es independencia. 

Date los permisos para escucharte a ti mismo y sentir lo que emana de ese vínculo tan vivo y potente como son los lazos con un hijo; ¿qué está pidiendo más allá de las palabras y de las conductas?, ¿qué está gritando su alma?, y déjate impregnar por el sentir. 

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Apartando el juicio y las comparaciones perjudiciales, te será más fácil ir al ritmo que necesitan ustedes en su mutuo aprendizaje y crecimiento. 

Tomando las riendas 

Ser padres responsables amerita jugar a veces el rol del “malo de la película” cuando depende de nosotros que aprendan en casa una lección antes que sea la vida misma, en forma de un policía, un abogado, un médico, etc., el que tenga que enseñarles a nuestros hijos cuál es el límite que no se debe pasar y cuándo decir “stop”. 

La casa es la mejor escuela, el mejor laboratorio, el mejor taller, en esas batallas diarias tontas se aprende cuándo parar, cuándo seguir hasta lograr lo que se quiere, cuándo hacerse el fuerte y no dar el brazo a torcer, cuándo pedir perdón… no tiene nada de malo una confrontación entre padres e hijos o entre hermanos, siempre y cuando todo esté dentro de los límites del respeto y sin agresiones físicas ni verbales. Estos pequeños impases nos enseñan a defendernos, a ser fuertes, a negociar y a saber que, aunque pensemos diferente, nos seguimos queriendo y podemos convivir. No se deben reprimir los debates o enfrenamientos sanos, solo hay que ponerles unas reglas claras que deben ser siempre honradas. 

El amor que se desarrolla como padre solo lo entenderán ellos cuando tengan sus hijos, cuando se despierte ese sentimiento de amor tan inmensurable, hasta entonces seremos nosotros su fuente de amor incondicional, su guía, su consejerosu educadorsu contención, su refugio, siempre desde el respeto a la individualidad y a lo que nos rodea, y con el conocimiento de que los tenemos prestados, que son personas en su proceso formativo y evolutivo que deben hacer su propia historia y nuestro deber es prepararlos para la vida lo mejor que podamos. 

Nuestra mejor inversión  

Invertir en ellos es infinitamente valioso en su vida, su salud, su educación, su formación, sus valores, entre muchas otras cosas.  Ese es nuestro deber y compromiso con la vida y con el legado que le dejaremos al mundo; siempre desde el amor y la responsabilidad, entendiendo que, como padres ya sea porque los engendramos o porque la vida nos otorgó ese rol, debemos asumir la tarea de criar, ser ejemplo y dejar seres humanos que contribuyan con la sociedad y el planeta. 

Así que tomemos las riendas como cabezas de hogar que somos, sosteniendo los órdenes y las jerarquías, respetando las normas necesarias para vivir en armonía con el planeta y la sociedad, manteniéndonos en conexión con nuestro ser interior y con amor caminemos la senda junto ellos. 

Con amor, 

Vaneza Castillo 

[email protected] 

@terapiasbioenergeticaspty 

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