La seguridad social es un sistema técnico-administrativo de protección social fundado en un conjunto de principios filosóficos y doctrinarios que le dan base de sustentación. La prestación de ayuda a las personas, y entre las personas, ha estado siempre motivada por algún sentimiento: religioso, político, ideológico, utilitarista, exhibicionista, entre otros. Estos sentimientos han dado lugar históricamente a la aparición de formas distintas de ayuda al semejante, al otro, cuando este otro se encuentra en estado de necesidad. 

Las formas de ayuda de inspiración individualista, si bien han creado verdaderas instituciones que se mantienen en el tiempo, tal es el caso de las organizaciones de caridad y de asistencia, pueden resultar pasajeras, nacen y desaparecen, por cuanto nada obliga a su permanencia, no son instituciones creadoras de derechos y de obligaciones entre quien las crea y quien recibe los beneficios. Situación distinta ocurre con la seguridad social, digamos la forma más perfecta de protección y de previsión social alcanzada por las sociedades actuales, suerte de síntesis de todo el pensamiento social orientado a garantizar protección a sus miembros. En efecto, a partir del año 1948, momento en el que la Organización de las Naciones Unidas (ONU), brinda al mundo la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la seguridad social deja de ser una manifestación de caridad, de ayuda y asistencia al prójimo, en fin, de voluntarismo social, para constituirse en un derecho social de toda persona que obliga a la sociedad particular, al Estado y a la comunidad internacional a garantizar la efectividad de ese derecho humano y social.  

 Fundamentación  

Ahora bien, el derecho a la seguridad social, como la consagración en general de todos los derechos humanos, no solo tienen una historia, sino una fundamentación de carácter filosófico que los tratadistas y doctrinarios han venido ordenando y sistematizando para darle a la seguridad social su razón de ser como derecho humano en atención al valor que denominamos dignidad humana. 

En el campo de los derechos humanos se discute aún su naturaleza. Hay quienes sostienen su naturalidad como algo propio, consustancial a la especial naturaleza del ser humano; por consiguiente, los derechos humanos no son derechos impuestos, sino reconocidos, aceptados y admitidos. Por otro lado, encontramos quienes no admiten esta naturalidad, sino que sostienen que los derechos humanos son el resultado de la lucha de los seres humanos por lograr su libertad ante el opresor, por lo que expresan el sentir de los pueblos. La ley, en sentido formal, el ordenamiento jurídico de los pueblos, es la que admite dichos derechos, convirtiéndolos en derechos subjetivos, es decir, obligaciones del Estado para con las personas y sus ciudadanos, proceso que se conoce como positivización de los derechos humanos, los cuales pueden ser demandados y exigido su cumplimiento por las personas o sujetos de derecho, debido a que existe un sujeto activo y un sujeto pasivo en una relación jurídica constitutiva de derechos y obligaciones: el Estado, sus órganos y las personas en general.  

Esto explica el por qué en las definiciones actuales de la seguridad social al componente protector, contenido y alcance de la seguridad social debe agregarse su regulación legal, conformándose así lo que se entiende por relación jurídica de la seguridad social. 

Los principios filosóficos que la doctrina de la seguridad social ha reconocido como tal, son: universalidad, integralidad, solidaridad, unidad e internacionalidad. A estos principios se agregan otros de carácter típicamente administrativos, tal es el caso del equilibrio financiero y actuarial, y la eficiencia. En nuestra opinión, el verdadero principio filosófico que inspira y sustenta el derecho humano a la seguridad social es la solidaridad. 

¿Por qué toda persona tiene derecho a la seguridad social? 

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su artículo 22, ha establecido que la seguridad social es un derecho de toda persona por ser miembro de la sociedad, en consecuencia, su disponibilidad y acceso es inherente a la condición y valor de la persona humana. Gozar de seguridad social es equivalente a tener derecho a la vida, pero no a cualquier tipo de vida, sino a una digna, propia de un ser humano. 

La doctrina de la seguridad social ha elevado este derecho a principio denominándolo: universalización de la seguridad social. Por tal, se entiende la vocación de la seguridad social de tender hacia la universalización, la generalización de la seguridad social a todas las personas sin discriminación de ninguna naturaleza. Toda persona tiene derecho a la seguridad social. El Estado y la sociedad tienen el deber de garantizarlo mediante el establecimiento de sistemas y regímenes de seguridad social.  

¿Qué debemos entender por solidaridad humana? 

La solidaridad es un sentimiento humano. Es la ayuda que, por diversos motivos, nos ofrecemos unos a otros. La solidaridad es la base, fundamento y razón de ser de la seguridad social, tal como se ha entendido desde siempre, excluyendo las tendencias que se orientan a convertirla en un negocio de carácter lucrativo, tendencia que reinó en América Latina y en otras partes del mundo en las décadas de los años 80 y 90 del siglo pasado. Nos referimos a lo que se conoció como reforma de la seguridad social, la cual, por su imperfección y el interés de hacer de la seguridad social un negocio, despojándola del sentimiento solidario, ha traído como consecuencia más perjuicios que beneficios en el campo de aplicación subjetivo y objetivo. En efecto, la cobertura de la seguridad social, lejos de ampliarse amparando a mayores sectores de la población, se ha reducido considerablemente, y en lo que respecta a la cuantía de las prestaciones y los requisitos para su obtención, se observa un fenómeno contrario a lo pensado con la reforma, la cuantía prestacional disminuye mientras que se incrementan los requisitos de edad cronológica, tiempo de servicio laboral, así como el número y monto de las cotizaciones o aportaciones directas al financiamiento de la seguridad social. 

Sin solidaridad no hay seguridad social 

La seguridad social es la oferta-promesa, transformada en derecho que el Estado social, democrático y de derecho hace a sus ciudadanos para garantizarles que, en caso de que ocurran los riesgos que ampara (riesgos asegurables), éstos no produzcan mayores daños en las personas y su entorno familiar. Digamos entonces que la seguridad social promete un mínimo de seguridad y de bienestar ante el acaecimiento de ciertos y determinados riesgos. 

El riesgo asegurable tiene un costo susceptible de ser expresado en dinero o en prestación de servicios. La seguridad social no es gratuita para el que la garantiza (el Estado), ni para el receptor de las prestaciones o beneficios (persona asegurada), tal como ocurre en el seguro privado. Toda persona, inclusive en los casos en los que la seguridad social no es universal, es decir, no está al alcance de todas las personas, contribuye al financiamiento de la seguridad social. 

El financiamiento de la seguridad social es la manera regular como se manifiesta la solidaridad entre las personas que integran una sociedad determinada. En el financiamiento de la seguridad social podemos distinguir distintos sistemas y regímenes según los actores intervinientes (Estado, empleadores, trabajadores) y las modalidades contributivas que se determinen (directas e indirectas). 

En el financiamiento de la seguridad social se parte de la hipótesis que la persona que más recursos económicos (ingresos monetarios) tiene, debe contribuir al financiamiento de la seguridad social con mayor cuantía (directa o indirectamente) para que la persona carente de recursos y, por tal situación exenta de contribuir directamente, resulte también, cubierta o amparada. 

En los sistemas financieros de la seguridad social, basados en cargas impositivas (financiamiento fiscal), la solidaridad se expresa mediante la justicia tributaria. Por el contrario, en los sistemas de financiamiento de contribución directa, se establece la proporcionalidad entre el esfuerzo contributivo y la cuantía de las prestaciones que se reciben. Según la “Teoría de la Justicia” de John Rawl, correspondería a las nociones de “justicia distributiva” y “justicia conmutativa”. 

¿Cómo se manifiesta la solidaridad entre los seres humanos? 

La solidaridad humana se pone de manifiesto de múltiples maneras. No olvidemos que es un sentimiento humano de ayuda al otro. Las sociedades organizadas canalizan este sentimiento de variadas formas, inclusive, coercitivas determinadas por ley, como ocurre con las políticas fiscales o tributarias, o en los seguros sociales de carácter obligatorio. 

En la actualidad, el establecimiento en las constituciones políticas de los Estados de la obligación que tiene todo ciudadano de contribuir al financiamiento de los gastos públicos siembra sus raíces en la solidaridad. Mediante la tributación, es decir, el pago de los impuestos, el Estado acopia recursos económicos para ser distribuidos entre los distintos conceptos del gasto público, tales como gastos en salud, educación y seguridad social.  

Otra particularidad de la solidaridad es su carácter intergeneracional, es decir, de generaciones presentes, pasadas y futuras, forma típica de solidaridad que encontramos en la institución de los seguros sociales. Las generaciones jóvenes de hoy contribuyen con el financiamiento de la seguridad social para que las generaciones viejas y los jóvenes de ayer, puedan ser protegidas por la seguridad social. El tema que está viviendo la sociedad actual es cuando la cadena intergeneracional se rompe, pierde eslabones, por ejemplo, el mercado laboral no logra absorber la fuerza de trabajo que anualmente se incorpora al mercado y los jóvenes no encuentran ocupación remunerada, no pueden cotizar a la seguridad social y, en paralelo, la población envejece. Por un lado, aumenta la dependencia de la seguridad social (población pasiva) y por el otro, disminuyen las fuentes de financiamiento, menos aportantes a la seguridad social (población activa ocupada).  

Hay solidaridad económica cuando, mediante maneras formales o informales, se producen transferencias monetarias directas de una persona a otra o mediante programas sociales de transferencias directas universales o sectoriales. 

En síntesis, la solidaridad es la manifestación humana más hermosa en el campo de las relaciones sociales entre las personas. Une y vincula a los seres humanos como hermanos y hace realidad el amor que sentimos y nos profesamos unos a otros. Invertir en ti es ser solidario individual y colectivamente.  

 

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